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Historia del seguro

Actualizado: may 18




Los seguros en la actualidad son una gran aportación a la vida económica moderna. Gracias a ellos se pueden mitigar los daños por los riesgos latentes. Aunque muchos utilicen los seguros y hayan disfrutado de sus beneficios, no es común conocer su origen. Entonces, ¿de dónde vienen los seguros?

Primeramente, ¿cómo se define un seguro?

El seguro es un sistema de protección para el hombre y su patrimonio frente a diversos riesgos que amenazan su integridad, su vida, su interés y su propiedad. Los hechos nocivos que causan pérdidas o daños son inciertos pero previsibles. Por lo tanto, en la actualidad la institución del seguro se funda en la mutualidad y la estadística. La estadística solo puede ser eficaz para hechos que se repiten con regularidad, porque el azar observado en grandes masas, obedece a la Ley de los Grandes Números.

1. Características del seguro.

a. Económica: El seguro como institución económica, implica un conjunto de trasferencias de riesgos. Para ello es necesaria la presencia de un conjunto de riesgos que, combinados entre sí, permiten compensar las pérdidas de unos cuantos con las aportaciones de todos los miembros.

b. Necesidad: El seguro cubre una necesidad como reparación de un daño, satisfacción de una pérdida o de pago fortuito.

c. Mutualidad: Es la concurrencia de la comunidad amenazada por los riesgos. El seguro es una especie de “fondo común” administrado por el asegurador en el que cada asegurado aporta una suma proporcional al riesgo que introduce.

d. Aleatoriedad: Los hechos que originan la prestación del asegurador deben ser fortuitos y aleatorios, es decir, suceden inesperadamente y por casualidad, por lo menos al momento de su realización o de su conocimiento. Por ello el seguro habitualmente no cubre hechos pasados. Sin embargo puede darse esta característica cuando el hecho es desconocido por el asegurado como en los seguros de fidelidad.

e. Tasabilidad en dinero: La pérdida probable debe ser mensurable en dinero. En consecuencia, el seguro no responde de las consecuencias puramente morales o políticas de la pérdida.

f. Analogía de riesgos: Esto significa que los riesgos deben ser homogéneos, no hay seguros a la medida y al gusto del cliente. Para lograr la homogeneidad, al fijar las condiciones de aseguramiento, minimiza las diferencias concretas de los riesgos y permite hacerlos más o menos similares.



2. Origen de los seguros

Hace más de tres mil setecientos años, el Código de Hammurabi estructuró formas rudimentarias de seguro mutual respecto a diversos riesgos propios del tráfico comercial por tierra o agua; incluía disposiciones para estimular el comercio y la inversión.

Por ejemplo, si un viajero babilonio era asaltado, el gobierno local estaba obligado a “devolverle lo que hubiera perdido” (seguro de viaje); si un granjero tenía una deuda, pero si un desastre natural le afectaba, se le perdonaba el pago correspondiente a esa temporada (seguro de cosecha); y si las mercancías de un comerciante no llegaban sanas y salvas, se les perdonaban las deudas en que hubiere incurrido para financiar su caravana (seguro de fletes). Incluso reglamentaba un aspecto de la seguridad social, si un hombre adoptaba a un hijo, éste estaba obligado a mantener al padre en su vejez. Si no lo hacía, era castigado con la muerte. Mil años después los mercaderes de Rodas, verdadera potencia naval de entonces, que comerciaban en el mediterráneo gracias a su flota marítima, crearon un sistema de protección mutual, cuando pedían préstamos para financiar sus viajes, con la garantía de sus barcos y su cargamento. Si el viaje tenía éxito, se pagaban los prestamos más los intereses fijados de antemano; si se perdía el barco o el cargamento en el mar, se le perdonaba el préstamo y los intereses al perjudicado por el siniestro. Los rodios ricos, actuaban como banqueros y como aseguradores, cuando financiaban estos viajes, en la medida en que distribuían sus riesgos entre gran número de barcos (o cascos), tenían probabilidades de salir adelante, aunque sufrieran pérdidas ocasionales. Las prácticas rodias las utilizaron los fenicios y los griegos, y sirvieron para financiar el comercio del imperio romano. Los romanos tenían sociedades funerarias – collegia – organizadas para solventar los gastos funerarios; Los soldados de las legiones contribuían a un fondo, el “collegia militum”, que ayudaban a sufragar gastos de mudanzas de los militares trasladados de guarnición; el “collegia funeratitia” que ayudaba para gastos de sepelio y con una suma a la viuda y huérfanos del fallecido. El seguro marítimo apareció en el siglo XIV con el desarrollo del comercio marítimo, por la que se abonaba una prima, los primeros documentos son italianos, así el primer contrato de seguro conocido hace referencia a un seguro marítimo estipulado en Génova, y parece datar del año 1317. Amberes toma en el siglo XVI el liderazgo asegurador que las ciudades españolas habían tenido hasta ese momento y allí se producen varias ordenanzas entre 1563 y 1570, esta última fue publicada por el Duque de Alba y en ella se regula por primera vez la supervisión del estado sobre el negocio asegurador. La primera ley inglesa de seguros fue promulgada en el año 16016. Pero puede decirse que el punto de partida de la moderna industria aseguradora tuvo su inicio el 2 de setiembre de 1,666, a consecuencia del gran incendio de Londres, con la creación de la Fire Office apareció el seguro contra incendio o seguro de incendio, que es el primer seguro destinado a cubrir riesgos terrestres.

3. El seguro en la actualidad

En éste siglo, surgirán riesgos de nuevas tipologías, ligados cada vez más a nuevas estrategias delas economías globalizadas. Donde la acelerada circulación de mercancías, capitales, ideas e individuos producirán en efectos nuevas modalidades de crisis financieras, enfermedades, contaminaciones, guerras, catástrofes naturales, entre otros. Probablemente no estaremos equivocados si pronosticamos que este será el siglo de la responsabilidad ante terceros, donde el estado y el individuo deberán compartir su responsabilidad ante los hechos y donde las empresas de seguros deberán asumir mayores riesgos por lo que se hará necesario una especialización de estos y una mayor capacidad económica financiera para hacer frente a estos retos.

Gustavo Alexi Osorio González. (2003). Manual Básico del Seguro. Asunción, Paraguay: Cursos Magap.

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